He sobrevivido
diez mil amaneceres
con sus
respectivas albas
y la brisa que
no cura ni lastima.
Le sobrevivo a
cinco fin del mundo
y ni muerto
estoy
ni vivo tanto.
Sencillamente le
ando al planeta
unas veces de
pie
otras tantas
–las más– arrodillado.
Y le despiertas
a la vida
–tarde,
temprano, intermediamente–
con sueño,
pereza o con ímpetu estoico,
pero la dama es
ingrata
y es de
ideología hitleriana
sobre todas,
todas, las cosas.
Lo mejor de todas las cosas
es que siempre hay momento
para volver a soñar,
darle otra oportunidad a nuestros arrebatos
de pasión y de lujuria
por volver a sobrevivir.
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