martes, 25 de junio de 2013

Comida chatarra


Jugábamos los niños nuestro sueño etéreo de dulce de algodón y de rodillas raspadas. Disfrutábamos la brisa del aire despeinar nuestros cabellos y las gotas de lluvia que se confundían con nuestro sudor. Corríamos despreocupados del acontecer mundial. ¿Preocupaciones?, sí, el suelo está hecho de lava. La vida era ese momento que transcurría entre la hora del recreo y la hora de llegar a casa. Lanzar la mochila a un rincón irse desnudando dejando un camino con las prendas del uniforme escolar hasta llegar a la habitación. Ropa nueva. Zapatos cambiados por tenis.

Ansiosos esperábamos que nuestro mejor amigo nos llamara por la ventana. Un grito que se convertía en miel que endulzaba nuestro oídos. Cerca de dar un portazo, tu madre te detiene y te dice que si no comes no sales a jugar.
Comes.
Vuelves a estar cerca de dar un nuevo portazo… tu madre te detiene y te dice que si no haces la tarea no sales a jugar.
Haces la tarea.
Un nuevo portazo se acerca… tu madre te detiene de nuevo, dice que si no llevas un suéter puesto no sales a jugar. Respingas.
Vistes el suéter.
El portazo hace vibrar las ventanas de la casa. Tu madre grita enojada.

Mírame. Tratando de ser como todos. Hoy comeré en McDonalds. El menú salta a mi vista con sus cuchillas que intentan asesinar mis pupilas. ¿Puedo tomar su orden? dice la joven que se encuentra detrás de la caja registradora.
Quiero uno de esos.
–¿Desea agrandar su combo?
No.
–Por 15 pesos más se lleva papas y refresco grandes.
No, gracias.
–¿Para comer aquí o para llevar?
Para aquí.

Las ganas de orinar paralizan mi cuerpo. Un dolor fuerte acosa mi vientre. Pregunto por el baño y la joven que se encuentra detrás de la caja registradora me dice que para usar el sanitario debo mostrar el ticket de compra.
Orino.

Vuelvo al sitio donde he pedido mi comida. La joven me entrega una charola café de plástico con un mantel de papel impreso con publicidad de su empresa. No le presto atención. Lo único que me importa es la hamburguesa y las papas. Dos sobres con salsa tipo chile jalapeño y otros dos de salsa tipo cátsup. Según esa lógica estaré comiendo una hamburguesa con carne tipo pollo. No es consuelo. Me siento a comer.

El mundo es un absurdo conglomerado de bestias humanas que juegan a la civilización sublimando sus bajos instintos. Lo sé porque siento como me miran todos, y veo como ellos miran a los demás. La creación de falsas necesidades es el factor detonante y la motivación de esta gran maquinaria. Yo compro para ser aceptado y tú debes comprar para ser aceptado por mí. La televisión anuncia que ya no basta con cubrirse el cuerpo con ropas costosas y de mala calidad, ahora necesitas accesorios. Compras los accesorios. La televisión dice que esos accesorios ya pasaron de moda. Compras los accesorios actuales. Compramos para olvidarnos de nuestras pulsiones destructivas. Quien controla a Eros controla a Tanatos.

Las papas tienen una consistencia pastosa y aguada. El sabor es bueno aunque algo salado. Las salsas tipo lo que sea hacen su juego como aderezo. Al final de cuentas lo importante es que esta comida quite de mi cuerpo esta sensación tipo hambre.

Me veo convertido en un autómata que mastica, traga y bebe. Observo a los demás y su ritual es similar. Excepto por aquellos que van acompañados. Ellos mastican, tragan, beben, escupen algunas palabras, sonríen, mastican, tragan, beben y se ríen… luego vuelven a masticar. Miro a todos de reojo, evitando encontrar a un desconocido en ese lugar. No hay quien sepa mi identidad, y no es que sea alguien sociable.

Sigo tragando hasta que la última papa desaparece. No puedo comerme el cartón, después de todo, no sé si se trata de algún material tipo cartón.