Yo, en pleno uso de mis
facultades mentales,
declaro hoy 23 de enero de 2012,
día en que cumplo un
año menos del cuarto de siglo,
que el mundo es una
mierda.
Que es una mierda el
sistema económico,
que es una mierda la
situación política del país,
que es una mierda el
sitio en el que me siento a escribir esto y,
que inclusive, yo soy
una mierda.
Y me pregunto si queda
algo fuera de este mundo que no sea una mierda.
Pero hoy no me importa
lo que sea,
después de todo es mi
cumpleaños,
y mi mente de siete
años hoy cumpleaños, ¡felices ochos!
Y no piensa más que en
reír y jugar a la vida;
y mi mente de diez años
hoy cumple once, ¡te ves hombrecito!
Comienzan a gustarnos
las niñas en verdad,
aunque sea un secreto
guardado hasta la tumba;
y mi mente de quince
hoy cumple dieciséis años ¡te ha cambiado la voz!
Y ya no pienso con la
cabeza, pienso con el escroto y
con el pene, y sólo me
interesa el sexo;
y mi mente de
veintitrés llega a veinticuatro ¡cuán injusto es el mundo!
y la vida me parece perversa
y absurda todavía;
y mi mente de treinta y
nueve cumple cuarenta ¡estoy más calvo que un pelón!
y no me preocupa lo que
piense la gente,
me preocupa llegar con
la cartera llena al final del día;
y mi mente de sesenta y
cuatro cumple sesenta y cinco ¡tercera edad!
y me vuelvo decrepito y
obsoleto y el mundo me abandona.
Y le declaro la guerra
a mis enemigos y les prometo paz,
y mi mente, que no se aclara y es turbia,
le da vida a mis
fantasías y me deja ser niño y ser anciano,
y hoy soy adolescente y
un cuarentón maduro
y un pre púber que
despierta al sexo.
Yo, en pleno uso de mis
facultades mentales,
declaro que hoy, día de
mi cumpleaños,
soy formalmente lo que
llaman loco
y no me importa el
clima o lo que sucede en el planeta,
y que mi mundo es mi
mundo,
y que somos seis en mi
cabeza,
y declaro también en
todos los sentidos
aunque mis otras cinco
mentes no entiendan,
que el mundo es una
mierda
y que el momento en que
pasa justamente esto hoy
no es más que una gran
mierda.
Yo, en pleno uso de mis
facultades mentales,
declaro obsoleto el uso
de un cuerpo para una mente,
y doy permiso a que
cinco edades deambulen,
cual caballos en la
pradera, mi mente y mis recuerdos,
y que construyan con la
materia de mi hipocampo
y con la de mi corteza
cerebral las historias que quieran,
las anécdotas del
poemario olvidado,
y que se reduzca la
posibilidad de terminar en el exilio
de mi propia fuerza por
pretender que no paso,
y que la luz no sea luz
y que la sombra sea luz,
y que los números que
recuerde y que los diagramas escolares
sean trazos de un
edificio nuevo, de un monolito de grafito y mármol,
y que se cumplan dentro
los mandatos de mi ser.
Y que mi mente de ocho
años, recién cumplidos,
sea feliz y juegue lo
que tenga que hacerlo,
y que dibuje tantos
soles y estrellas tengan sus sueños;
y que mi mente de once
años, recién cumplidos,
sea valiente y hable
con la niña que le gusta,
y que no se olvide de
los sueños de mi mente más pequeña;
y que mi mente de
dieciséis años, recién cumplidos,
se olvide de
masturbarse y del sexo que no tiene,
y que no pida una novia
de cumpleaños y siga con los sueños;
y que mi mente de
veinticuatros años, recién cumplidos,
se aparte de lo que es
mierda según él mismo,
y que permanezca con
los sueños ya olvidados;
y que mi mente de
cuarenta años, recién cumplidos,
se olvide de la crisis
de la mediana edad,
y que se acuerde de lo
que significa ser niño;
y que mi mente de
sesenta y cinco años, recién cumplidos,
se olvide de la muerte
venidera e irremediable,
y que no se olvide de
cumplir mis sueños.
Yo, en pleno uso de mis
facultades mentales,
autorizo a mi propio
ejército hacer frente
al narcotráfico y a la
corrupción y a la piratería,
autorizo a mis
servicios de inteligencia
boicotear todos las
redes que me comunican
con el mundo exterior y
viceversa,
autorizo a mi
secretario de finanzas
romper relaciones
económicas con el dinero
y vivir de sueños, y
vivir de risas,
y vivir de ilusiones, y
vivir de canciones,
y vivir de oraciones, y
vivir de poemas,
y vivir de paisajes de
postales, y vivir sin vivir,
y vivir viendo mucho y
poco,
y vivir como se debe
vivir, y vivir ordenado,
y vivir sin rabietas, y
vivir sin pretensiones,
y vivir la vida y nada
más.
Yo, en pleno uso de mis
facultades mentales,
ejerzo mi derecho a
elegir y a votar,
y que gane las
elecciones quien las debe ganar
y que el triunfo sea
legitimo y duradero…
y mi mente de ocho
años, que no sabe qué es votar,
se preocupa por mirar
la televisión
y que las caricaturas
no se terminen;
y mi mente de once
años, que se deslinda de la política,
se preocupa por los
juegos de futbol
y que en los
videojuegos nadie le gane;
y mi mente de dieciséis
años, sabe que un día votará,
se preocupa porque el
olor a sandía y a coco
más que olores de fruta
son aromas eróticos;
y mi mente de
veinticuatro años, que vota desde hace seis,
se preocupa porque los
monopolios
y las oligarquías no
controlen más las masas;
y mi mente de cuarenta
años, elector por convicción,
se preocupa porque la
elección sea justa
y gane quién le ofrezca
más trabajo y dinero;
y mi mente de sesenta y
cinco años, dinosaurio apolítico,
se preocupa porque en
la tele y en la radio
no hay más espacio que
propaganda partidista.
Yo, en pleno uso de mis
facultades mentales,
autorizo a todas mis
mentes a ser uno mismo
y que ese mismo sea
loco y soñador,
y que se convierta en
hippie y en comunista
y que odie todas las
formas de organización
y que grite abajo el
sistema y sea rebelde,
aunque luego despierte
y no sea nada verdad…
y mi mente de ocho
años, tierna y sin malicia,
exista por siempre
porque es inocencia
y no se borre al
amanecer;
y mi mente de once
años, que es energía,
me alcance para ser lo
que quiero ser
y no se borre al
amanecer;
y mi mente de dieciséis
años, que es hormonas,
me duren lo que el
calor al Sol
y no se borre al
amanecer;
y mi mente de
veinticuatro años, insufrible e inconformista,
dejé su huella radical
y extremista
y no se borre al
amanecer
y mi mente de cuarenta
años, calculadora y previsora,
sea paciente con todas
mis mentes
y no se borre al
amanecer;
y mi mente de sesenta y
cinco años, vieja y cansada,
aguante la vida y el
paso del tiempo
y no se borre al
amanecer…
Yo, en pleno uso de mis
facultades mentales,
me declaro
oficialmente: no cuerdo.