No puedo dejarte de lado,
sería negar mi existencia…
no concibo la vida sin ti
y tu valía, tu preciso
ser o no ser:
el halo de esperanza
que brota de tu cuerpo,
germinando en los mares
cuando no me encuentro.
No puedo desprenderme
a tu regazo, cálido y protector,
fugaz por momentos…
perpetuo y redentor.
¿Qué me has dado?
¿qué fue lo que de ti comí?
Justo ahora te necesito,
tú a mí no, no existo para ti,
y, sin embargo…
me necesitas para transformarte
-me transformas transformándote-
aunque antes de mí existías.
Lo sabes mejor que yo
y te burlas de mi desdicha,
de la falta de elocuencia
en mis palabras…
me atrapas con desdén
y con infinito desprecio,
por los que te escribo
y te invento algunos versos,
mas, ahora, con orgullo paladino
te acercas imponente a mi pedestal
declarándote triunfante sobre mi voluntad…
razón hay en tus palabras,
algarabía en mis pensamientos
-nubes de terrón, flores de relleno-
un esporádico dolor en el pecho,
ajeno a mi dominio y travieso del deseo.