jueves, 28 de junio de 2012

Del sueño

Pero no pasaba por la mente
ni por el incauto corazón,
simplemente pasaba...

Suspiré, llené de aire los pulmones
y me desentedí del mundo
y olvidé el año
y perdí el mes
y me quedó el día y la hora.

Intenté dormir
pero no se duerme sin tiempo
y se sueña sin edad.

Amanecí sin sosiego
y los ojos cubiertos de piedras
envueltos con serpientes rojas,
el cerebro dando vueltas
buscando encontrarse
en las sombras.

Derrotar al insomnio se convirtió
en prioridad absoluta,
entregarse al sueño
y fluir en el tiempo
y nada más.

¿Cómo dormir cuando
no hay tiempo?
¿cómo soñar cuando
no se tiene años?
¿cómo andar por la vida
sin ir soñando?

martes, 19 de junio de 2012

El ingrato

La solución consiste
en quitarse las lagañas de los ojos
y leer más...

El mundo es un caos
sin orden y sin bendición,
un mar de engaños
y un huerto de dudas.

Los ojos del hombre
han sido cegados
por la ambición
-paradoja-
del hombre.

La madre naturaleza
ha sido violada
por el más vil de sus hijos,
ella calla abnegada
y al deprimirse viene la tormenta.

Al padre tiempo
se le ha llevado al paroxismo,
nos hemos desentendido de él
y no aprendemos -aprehendemos-
sus valiosas lecciones.

El más ingrato de los hombres
es el que destruye a su familia
a costa de todo,
grita a los vientos amar al prójimo
y destruye odiando al hombre.

El hombre no sabe
las intenciones del hombre,
cree que es bueno
al darle una miga del pan que come,
cree que es bueno
porque le dice como comportarse.

El hombre engaña al hombre
con la palabra
-oral, escrita y visual-
disfrazada de verdad absoluta,
y la llaman los medios.

Los medios sirven al hombre
por el hombre,
al hombre que viola a la madre
al hombre que escupe al padre
al hombre que mata a su hermano.

Esclavos del hombre
para el hombre,
presos los que piensan diferente
mutilados los que actuan
callados los que se dan cuenta.

Se predica la desesperanza
y la inminente extinción,
se impone respeto
mediante el terror
-lo llaman ocupación militar-
se imponen ideas
mediante la manipulación
-lo llaman información-
se imponen gobiernos
mediante el voto
-lo llaman democracia-
y se ofrece el estado de bienestar.

El hombre puede salvarse
de sí mismo
de la inminente destrucción
del caótico orden del caos
de la ceguera mental,
hay que quitarse las telarañas
desconectar los medios
leer un poco más
y abrirle puerta al corazón.

lunes, 18 de junio de 2012

Tormenta

Porque cuando
encuentro esa voz
se apaga la tormenta...

Si fuera por mí,
-¿acaso depende puramente
de mi consciencia?-
nada tendría sentido:
todo sería un caos.

Me tiemblan las rodillas
a priori tus caricias,
se deshacen mis pasos...

¿Has visto la piel de los niños?
¿te has percatado de
su frescura y humedad?
¿cómo te quemas al rozarla
con las yemas de los dedos?
¿cómo te vuelve joven
su calor inmaculado?

Tu piel es de niña
y me vuelve joven.

Me estoy volviendo loco
veo en tu rostro
una niña...

-creo que veo con el corazón-

He abierto mis ojos
al mundo
sin querer hacerlo.

¿Sabes por qué tus labios
queman los míos?
¿es suficiente estar delante tuyo
o debo consagrarme
para derretirme en tus placeres?

No sé nada...
no hay más que olvido
en la tierra de la memoria.

-Debo volver cuanto antes,
no puedo perder
aquella voz...-

No hay tormenta sin lluvia
ni amanecer sin ocaso
o luz sin sombra...
todo tiende a desaparecer.

Tiempo. Sólo es tiempo.
Espectro húmedo
que oxida todo.

-Debo volver pronto-

Lejos atrás grandes sombras
un fuego azul destellante...

¿Has tomado por la mano
a un inocente niño?
¿te ha recorrido el cuerpo
su jubilo y su destello?
¿paralizaste tu alma
al darte cuenta que amas
a un incauto infante?

La mente juega siempre
perversa de las maquilaciones
más profundas...

-no creas nada de lo que veas,
pienses, escuches, sientas...-

El tacto siempre traiciona
a los ojos que ven tan poco
a la mente que no aprende nada.

Vuelve la tormenta
tomando en sus manos
mi torrido miedo...

Gotas kamikazes al suelo,
gotas de Chernobil,
gotas de miel,
gotas, simples gotas...

Vuelve esa voz
se apaga la tormenta.

sábado, 16 de junio de 2012

Nada más


De perverso
La mente en la sombra,
Simulada oración

Somos y nada más.

Ocurrente espacio
En la memoria,
Llano por habitar

Somos y nada más.

Mal habido
Torrente espectral,
Figura sepulcral

Somos y nada más.

Ayeres derrotados
Inciertos del mañana,
Calendario equivocado

Somos y nada más.

De noche
Jilguero enamorado,
Penumbra cazadora

Somos y nada más.

Subversiva contradicción
Moralmente biológica,


Aún un poema


Tinieblas, persecución,
Luz consumiendo luz
Y sombras tragando sombras…

Viento de tempestad
Latente en las venas del tiempo,
Hojas arrastrándose carroñeramente
Acechando los insectos.

Podredumbre, desesperación,
Fallido estado de bienestar
Y locura a flor de piel…

Viernes, colapsador de la semana,
Destruye el ímpetu del Lunes,
Amarga el espíritu del Domingo
Y se aferra a creer que es mejor
Que el lúdico Sábado.

Aullidos, maullidos,
Gemidos de un orgasmo
Que consume a una mujer….

Tiempo sin envestiduras,
Razón desnuda por las dudas
Del corazón que no se satisface
Con la lógica que ofrece la dialéctica,
El sin sazón de una mañana
Fría sin actividad neuronal,

Escribir en las paredes con letras de sangre:
Aún un poema. 

Partículas de dios


Veo partículas de dios
Flotando libremente
Como polillas en las ráfagas,
Sedientas de consumir carne
En plena cuaresma.

Tengo un pétalo de gerbera
Del color que tiene el cielo,
Y me sonríe y me creo cuerdo
Cuando la gente me llama loco
Y solamente vivo por un recuerdo.

Sé de dioses y tempestivas,
De fuerzas que arrancan todo
Y de maravillas colapsadas
Con la sutileza de un poema,
Por eso, porque me gana la cordura
No veo más allá y me pierdo,
Desaparezco aunque sienta
Como entran por mis ojos
Las partículas de dios.

lunes, 11 de junio de 2012

Precoz

Cual capullo
enredado en la flor,
esperando dejar ser crisalida
convertirse en libre halcón.

Cazadora de señas
de nubes de papel
tejedora bravía
intima caricia al viento
del olvido...

Precoz...
juventud de queroseno
y de fuego molotov,
heridos del orgullo colectivo
de historias desconocidas
batallas olvidadas.

Exilio en la propia tierra
sin cosecha y huerto...

desvarios en el norte,
murmuros de tormenta...

huracán herido
revuelo de cisnes trasnochados
cuentos de carnavales
hogueras apaciguadas.

miércoles, 6 de junio de 2012

Un limón, medio limón, dos limón, medio….


Por Edgar Mora

La cotidianidad no fue rota hasta el momento en que caí en la cuenta de que no había dormido solo, que estaba acompañado, que en mi cama no éramos uno, como de costumbre, sino dos, compartiendo el mismo colchón y los mismos aposentos.

Aquella peripecia no me habría resultado extraña si se tratase de una figura femenina, pero no era un ella, era un él. Se le veía desinteresado, como si despertar a mi lado no fuera ningún inconveniente, la primera frase que soltó fue un seco “buen día”. En mi mente corrían las preguntas ¿qué he hecho? ¿cómo diablos terminé así? y vino a mi mente en la voz de Ana Torroja el estribillo “y qué dirán de mí, dirán que eres gay…”

Precisamos levantarnos de la cama alrededor de las diez o nueve de la mañana, sin consciencia exacta de la hora, ni del tiempo, ni del espacio. Los nombres estaban de más, daba igual que me conociera por Edgar que por Pancho, pero no resultaba cómodo para mí haber compartido la misma colcha sin saber su nombre. “Llámame como quieras” me contestó en el desayuno, que consistía de un mollete con mantequilla, jamón y salsa mexicana, de un vaso con leche fría y un par de galletas, que para desfortuna de mi estomago tuvimos que compartir.

Una llama telefónica me hizo caer en la cuenta de que debía partir a la brevedad posible a casa de mi novia. Mi nuevo compañero, al que le atribuí el título de amigo, se mostraba ansioso de conocer a mi amada pero no expresaba razón para semejante acto, “simple curiosidad” y no agregó nada más.

El agua caliente despachó dos duchas, por separado, vale la pena recalcar, y no es que precisara tomar medidas especificas u homofóbicas a estas alturas, cuando habíamos despertado juntos pero no empiernados.

Mi amigo, al que después de un rato me atreví llamar “Monchis”, parecía sacado de otro mundo, o al menos, eso percibía yo por cómo la gente lo miraba con desdén y extrañeza, claro hay que ser muy ducho para comprender que dos hombres vayan tomados de las manos sin que se traten de una costumbre inglesa del siglo XVIII. No tomé más de treinta minutos de trayecto: caminar ocho cuadras de San Felipe a San Juan Bosco, abordar un bien amado 622, soportar el sauna y uno que otro “repegón”, abrir los ojos a delicias corporales, la nariz a olores fétidos, el tacto a formas inefables, y bajarse justo una cuadra antes de la Calzada Independencia.

Con un “buenos días, amor, ¡que hermosa te ves hoy!”, es que a veces no puedo contener lo cursi y me gana la emoción. Un beso que se prolonga en un abrazo y termina justo como empezó, en otro beso. Mariana, el nombre de la dueña de mis pesadillas, sueños y desvelos, parece no percatarse de la presencia de “Monchis”, quien momentos antes, durante el ritual de cortejo, había desaparecido en busca, de lo que nos dimos cuenta después, de un ramo de flores cortadas de los jardines de las vecinas. La dama se muestra confundida y aclaro su panorama diciéndole que “éste es mi nuevo amigo, se llama ‘Monchis’, y quería conocerte”. Ocurre entonces lo que las normas de etiquetan marcan y se nos invita a pasar.

Una vez dentro, sentados en la sala, donde tres sillones nos harían las veces de tronos,  conversamos temáticas banales y triviales, nos alejamos de las preocupaciones de nuestras vidas y debatimos un poco de todo: política, sociedad, cocina, literatura, películas,  pero nos
sorprenden los comentarios ácidos y agrios de “Monchis” aunque al final no  llegamos a conclusión alguna, solamente que “Peña no cumple”, pero eso lo sabemos todos.

Después de dos horas la madre de Mariana, para términos cómodos y políticos, mi suegra, nos dice que la comida está servida. Un plato casero delicioso, carne de res en salsa verde acompañada de frijoles refritos con sus respectivas tortillas y la panacea del mexicano: un vaso con coca bien helada. Un coro de ángeles acompaña nuestros sagrados alimentos, que engullimos con parsimonia y gratitud, como si esa fuese nuestra última cena.

Abandonamos la casa de Mares, así suelo llamarle de cariño, habiéndonos despedido y dejando la promesa de volver una vez más para comer aquellas delicias que prepara su madre. “Monchis” le recuerda a Mariana que debe ir a la escuela, y es así como emprendemos otro viaje en el sistema colectivo de transporte urbano de Guadalajara.

Tomamos la tangente, se pensaría que abordaríamos el Macrobús, por su rapidez y accesibilidad, pero somos hombres chapados a la antigua, correspondemos nuestra fidelidad con el 622 y nos encaminamos hasta la estación Atemajac del Tren Ligero, que nos recibirá con los vagones llenos hasta el sitio en que, como casi todos, descenderemos, en Juaréz, en el Parque Rojo.

La gente se sigue mostrando extrañada, quizás por el trío que armamos Mariana, “Monchis” y yo, y murmura o mira con repudio nuestra imagen, pero no le tomamos la importancia que ellos quisieran. Se atraviesa en nuestro camino de Federalismo a Enrique Díaz de León, un edificio que no puede pasar desapercibido de los ojos de cualquiera, incluso del observador más inexperto, un imponente Expiatorio, de corte gótico, la llamada “Notre Dame” tapatía, “aquí será nuestra boda, estás invitado ‘Monchis’ si así lo deseas”, se escapa de mi el lado más romántico, soñador e idealista que tengo, y él lo agradece con un gesto semejante a una sonrisa complaciente.

“Te quedas en la escuela, que yo tengo mi taller, en la noche paso por ti, te…” la frase queda interrumpida por un beso, mi amigo observa todo con cautela y una vez incorporado con él dice seriamente “así que eso es el amor”, le digo que no, que eso es solo una demostración, pero que habría que hacer un tratado, una enciclopedia, un Atlas, para definir lo qué es el amor.

Caminamos unas calles hasta llegar a una librería, me adentro, preguntó por unos libros de Paulo Freire, de un tiempo a la fecha me interesa el sistema educativo mexicano, no compro ninguno por no tener el dinero suficiente, lo recuerdo: soy prole. “Monchis” aguarda paciente, bajo el Sol ensordecedor y sofocante, su rostro es verde, un tanto cítrico, su figura es cuasi esférica, sostengo una lucha interna para demostrarme a mí mismo que no es lo que mis ojos mortales ven. Me doy por vencido, sé que no hay duda, pero a pesar de todo me niego a reconocerlo, pues al final de cuentas ¿qué culpa tengo yo de ser amigo de un limón?

domingo, 3 de junio de 2012

Viento


Detrás de las palabras,
mejor detrás del viento,
un viento que no dice nada
resopla polvo perdido,
polvo de ignorancia.

Ya no me cuentas los días,
ni decir horas y segundos…
vuelvo cuando se me da la gana
y me voy siempre que me decido
o siempre que se acaba el alimento.

Tengo sueños calcinados
y pesadamente volátiles,
sucumben al hambre y necesidades
de mi demandante cuerpo,
ente de hombre
convertido en bosquejo de muerto.

Detrás del viento están mis ganas,
el deseo del amor
y la pasión de un orgasmo,
uñas enterradas en el polvo de mi espalda
descubriendo tierras nuevas,
mi meseta imaginaria.

viernes, 1 de junio de 2012

Mi Guadalajara

Por Edgar Mora

Mi Guadalajara es un pedacito de suelo que huele a tierra mojada. Mi Guadalajara es un espacio en el tiempo que no se pierde y no se olvida, es un sitio en el que la magia de lo inimaginable es posible y en donde los sueños son de pan y son de hielo.

Mi Guadalajara es una historia llena de héroes y de malos, con batallas en Mexicaltzingo y con túneles de leyenda, es un sol que cobija las oportunidades y que ha visto caer las cadenas de la esclavitud y ver nacer los gestos revolucionarios.

Mi Guadalajara no es blanca, ni es café, ni es morada, es de mil colores. Se pinta de amarillo Jericaya a medio día y es de color rojo Torta Ahogada al atardecer; se viste a la ocasión deseada, se pone la Rojiblanca y la Rojinegra y se pone la Verde cuando juega la Selección.

Mi Guadalajara no sabe de egoísmo, se porta hospitalaria con quien la visita y le llena de flores las vasijas a sus muertos en los panteones.

Mi Guadalajara es más que unos cuantos edificios; es una ofrenda a sus Jaliscienses Ilustres; es un Hospicio que ya no alberga a niños y en sus pasillos aloja a la cultura; es una Minerva que, solitaria, protege el sueño de los tapatíos; es unos Arcos que otrora dieran la bienvenida y que hoy recuerdan de dónde venimos; es un Expiatorio y una Catedral que adornan y dan presencia en las calles.

Mi Guadalajara es sol, do, sol, do, sol, y más que notas musicales es una sublime canción de Pepe Guízar; es un poema que teje el círculo infinito de la hermosura de la tierra del campo donde se cosechan las mujeres más bellas.

Mi Guadalajara es abordar el Tren de Juárez a Tetlán y de Periférico Sur a Periférico Norte, es llamar Parvial a un Trolebús, es tomar un 380 en hora pico, es tomar un taxi para ir al Centro, es subirse a una Calandria y sentirse quinceañera.

Mi Guadalajara es una bella dama de batallas ganadas, una señora de sociedad que “se las sabe de todas todas”, que va a misa los domingos y que le tiene la cena todos los días al marido. Mi Guadalajara es una joven hermosa de ojos grandes como la Luna, de ideas locas y a veces absurdas, con alma de poeta y revolucionaria, que prefiere la certeza ante la duda.

Mi Guadalajara son postres y comidas, es una serenata con un buen mariachi, es conocer a la gente, y cantarle a la noche y robarse el día, es tomarse una nieve y caminar por Hidalgo, es tener hambre y llegar al Mercado Corona, es querer unos tenis nuevos y comprar en San Juan de Dios, es andar a la moda con la que traigamos puesto.

Mi Guadalajara es decirle “ey” cuando sabemos que es cierto, es echarle “bien mucho” limón a los tacos, es comer con “birote” porque con bolillo no sabe bueno, es preguntar “¿a cómo cuestan?”, es decir “chido” y “bien padre”; en fin, mi Guadalajara es “la onda”… “¡sabe!”.

Camino


El camino no se monta en nuestros labios,
ni el fuego calienta nuestros corazones…
es la historia de siempre,
la de los amores imposibles
con amistades malintencionadas.

Tú, mirándome a lo lejos,
negando mi existencia
y el sabor de mi sombra…

yo, humillantemente,
las costillas rotas
las venas sin sangre y pulso…

camino a tus labios,
a tientas, con los pasos frágiles,
en la espera de un beso curandero,
un beso que nunca llega.

En el camino a tus labios
hay un gran impedimento,
un obstáculo, una frontera de hielo,
un mar que me moja y me hunde…

vías de tren que se quedan detrás,
perdidas en el horizonte
fundidas con las estrellas
abrazadas a los durmientes
soñando con un montón de piedras.

Vuelvo a tu laberinto,
en el camino desesperado a gritar tu nombre,
tu premisa,
tu falsa risa
y tu vieja promesa olvidada.