Detrás de las palabras,
mejor detrás del viento,
un viento que no dice nada
resopla polvo perdido,
polvo de ignorancia.
Ya no me cuentas los días,
ni decir horas y segundos…
vuelvo cuando se me da la gana
y me voy siempre que me decido
o siempre que se acaba el alimento.
Tengo sueños calcinados
y pesadamente volátiles,
sucumben al hambre y necesidades
de mi demandante cuerpo,
ente de hombre
convertido en bosquejo de muerto.
Detrás del viento están mis ganas,
el deseo del amor
y la pasión de un orgasmo,
uñas enterradas en el polvo de mi espalda
descubriendo tierras nuevas,
mi meseta imaginaria.
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