Porque cuando
encuentro esa voz
se apaga la tormenta...
Si fuera por mí,
-¿acaso depende puramente
de mi consciencia?-
nada tendría sentido:
todo sería un caos.
Me tiemblan las rodillas
a priori tus caricias,
se deshacen mis pasos...
¿Has visto la piel de los niños?
¿te has percatado de
su frescura y humedad?
¿cómo te quemas al rozarla
con las yemas de los dedos?
¿cómo te vuelve joven
su calor inmaculado?
Tu piel es de niña
y me vuelve joven.
Me estoy volviendo loco
veo en tu rostro
una niña...
-creo que veo con el corazón-
He abierto mis ojos
al mundo
sin querer hacerlo.
¿Sabes por qué tus labios
queman los míos?
¿es suficiente estar delante tuyo
o debo consagrarme
para derretirme en tus placeres?
No sé nada...
no hay más que olvido
en la tierra de la memoria.
-Debo volver cuanto antes,
no puedo perder
aquella voz...-
No hay tormenta sin lluvia
ni amanecer sin ocaso
o luz sin sombra...
todo tiende a desaparecer.
Tiempo. Sólo es tiempo.
Espectro húmedo
que oxida todo.
-Debo volver pronto-
Lejos atrás grandes sombras
un fuego azul destellante...
¿Has tomado por la mano
a un inocente niño?
¿te ha recorrido el cuerpo
su jubilo y su destello?
¿paralizaste tu alma
al darte cuenta que amas
a un incauto infante?
La mente juega siempre
perversa de las maquilaciones
más profundas...
-no creas nada de lo que veas,
pienses, escuches, sientas...-
El tacto siempre traiciona
a los ojos que ven tan poco
a la mente que no aprende nada.
Vuelve la tormenta
tomando en sus manos
mi torrido miedo...
Gotas kamikazes al suelo,
gotas de Chernobil,
gotas de miel,
gotas, simples gotas...
Vuelve esa voz
se apaga la tormenta.
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