viernes, 1 de junio de 2012

Mi Guadalajara

Por Edgar Mora

Mi Guadalajara es un pedacito de suelo que huele a tierra mojada. Mi Guadalajara es un espacio en el tiempo que no se pierde y no se olvida, es un sitio en el que la magia de lo inimaginable es posible y en donde los sueños son de pan y son de hielo.

Mi Guadalajara es una historia llena de héroes y de malos, con batallas en Mexicaltzingo y con túneles de leyenda, es un sol que cobija las oportunidades y que ha visto caer las cadenas de la esclavitud y ver nacer los gestos revolucionarios.

Mi Guadalajara no es blanca, ni es café, ni es morada, es de mil colores. Se pinta de amarillo Jericaya a medio día y es de color rojo Torta Ahogada al atardecer; se viste a la ocasión deseada, se pone la Rojiblanca y la Rojinegra y se pone la Verde cuando juega la Selección.

Mi Guadalajara no sabe de egoísmo, se porta hospitalaria con quien la visita y le llena de flores las vasijas a sus muertos en los panteones.

Mi Guadalajara es más que unos cuantos edificios; es una ofrenda a sus Jaliscienses Ilustres; es un Hospicio que ya no alberga a niños y en sus pasillos aloja a la cultura; es una Minerva que, solitaria, protege el sueño de los tapatíos; es unos Arcos que otrora dieran la bienvenida y que hoy recuerdan de dónde venimos; es un Expiatorio y una Catedral que adornan y dan presencia en las calles.

Mi Guadalajara es sol, do, sol, do, sol, y más que notas musicales es una sublime canción de Pepe Guízar; es un poema que teje el círculo infinito de la hermosura de la tierra del campo donde se cosechan las mujeres más bellas.

Mi Guadalajara es abordar el Tren de Juárez a Tetlán y de Periférico Sur a Periférico Norte, es llamar Parvial a un Trolebús, es tomar un 380 en hora pico, es tomar un taxi para ir al Centro, es subirse a una Calandria y sentirse quinceañera.

Mi Guadalajara es una bella dama de batallas ganadas, una señora de sociedad que “se las sabe de todas todas”, que va a misa los domingos y que le tiene la cena todos los días al marido. Mi Guadalajara es una joven hermosa de ojos grandes como la Luna, de ideas locas y a veces absurdas, con alma de poeta y revolucionaria, que prefiere la certeza ante la duda.

Mi Guadalajara son postres y comidas, es una serenata con un buen mariachi, es conocer a la gente, y cantarle a la noche y robarse el día, es tomarse una nieve y caminar por Hidalgo, es tener hambre y llegar al Mercado Corona, es querer unos tenis nuevos y comprar en San Juan de Dios, es andar a la moda con la que traigamos puesto.

Mi Guadalajara es decirle “ey” cuando sabemos que es cierto, es echarle “bien mucho” limón a los tacos, es comer con “birote” porque con bolillo no sabe bueno, es preguntar “¿a cómo cuestan?”, es decir “chido” y “bien padre”; en fin, mi Guadalajara es “la onda”… “¡sabe!”.

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