sábado, 31 de marzo de 2012

Yo


Yo, en pleno uso de mis facultades mentales,
declaro hoy 23 de enero de 2012,
día en que cumplo un año menos del cuarto de siglo,
que el mundo es una mierda.
Que es una mierda el sistema económico,
que es una mierda la situación política del país,
que es una mierda el sitio en el que me siento a escribir esto y,
que inclusive, yo soy una mierda.

Y me pregunto si queda algo fuera de este mundo que no sea una mierda.
Pero hoy no me importa lo que sea,
después de todo es mi cumpleaños,
y mi mente de siete años hoy cumpleaños, ¡felices ochos!
Y no piensa más que en reír y jugar a la vida;
y mi mente de diez años hoy cumple once, ¡te ves hombrecito!
Comienzan a gustarnos las niñas en verdad,
aunque sea un secreto guardado hasta la tumba;
y mi mente de quince hoy cumple dieciséis años ¡te ha cambiado la voz!
Y ya no pienso con la cabeza, pienso con el escroto y
con el pene, y sólo me interesa el sexo;
y mi mente de veintitrés llega a veinticuatro ¡cuán injusto es el mundo!
y la vida me parece perversa y absurda todavía;
y mi mente de treinta y nueve cumple cuarenta ¡estoy más calvo que un pelón!
y no me preocupa lo que piense la gente,
me preocupa llegar con la cartera llena al final del día;
y mi mente de sesenta y cuatro cumple sesenta y cinco ¡tercera edad!
y me vuelvo decrepito y obsoleto y el mundo me abandona.

Y le declaro la guerra a mis enemigos y les prometo paz,
y mi mente, que no  se aclara y es turbia,
le da vida a mis fantasías y me deja ser niño y ser anciano,
y hoy soy adolescente y un cuarentón maduro
y un pre púber que despierta al sexo.

Yo, en pleno uso de mis facultades mentales,
declaro que hoy, día de mi cumpleaños,
soy formalmente lo que llaman loco
y no me importa el clima o lo que sucede en el planeta,
y que mi mundo es mi mundo,
y que somos seis en mi cabeza,
y declaro también en todos los sentidos
aunque mis otras cinco mentes no entiendan,
que el mundo es una mierda
y que el momento en que pasa justamente esto hoy
no es más que una gran mierda.

Yo, en pleno uso de mis facultades mentales,
declaro obsoleto el uso de un cuerpo para una mente,
y doy permiso a que cinco edades deambulen,
cual caballos en la pradera, mi mente y mis recuerdos,
y que construyan con la materia de mi hipocampo
y con la de mi corteza cerebral las historias que quieran,
las anécdotas del poemario olvidado,
y que se reduzca la posibilidad de terminar en el exilio
de mi propia fuerza por pretender que no paso,
y que la luz no sea luz y que la sombra sea luz,
y que los números que recuerde y que los diagramas escolares
sean trazos de un edificio nuevo, de un monolito de grafito y mármol,
y que se cumplan dentro los mandatos de mi ser.

Y que mi mente de ocho años, recién cumplidos,
sea feliz y juegue lo que tenga que hacerlo,
y que dibuje tantos soles y estrellas tengan sus sueños;

y que mi mente de once años, recién cumplidos,
sea valiente y hable con la niña que le gusta,
y que no se olvide de los sueños de mi mente más pequeña;

y que mi mente de dieciséis años, recién cumplidos,
se olvide de masturbarse y del sexo que no tiene,
y que no pida una novia de cumpleaños y siga con los sueños;

y que mi mente de veinticuatros años, recién cumplidos,
se aparte de lo que es mierda según él mismo,
y que permanezca con los sueños ya olvidados;

y que mi mente de cuarenta años, recién cumplidos,
se olvide de la crisis de la mediana edad,
y que se acuerde de lo que significa ser niño;

y que mi mente de sesenta y cinco años, recién cumplidos,
se olvide de la muerte venidera e irremediable,
y que no se olvide de cumplir mis sueños.

Yo, en pleno uso de mis facultades mentales,
autorizo a mi propio ejército hacer frente
al narcotráfico y a la corrupción y a la piratería,
autorizo a mis servicios de inteligencia
boicotear todos las redes que me comunican
con el mundo exterior y viceversa,
autorizo a mi secretario de finanzas
romper relaciones económicas con el dinero
y vivir de sueños, y vivir de risas,
y vivir de ilusiones, y vivir de canciones,
y vivir de oraciones, y vivir de poemas,
y vivir de paisajes de postales, y vivir sin vivir,
y vivir viendo mucho y poco,
y vivir como se debe vivir, y vivir ordenado,
y vivir sin rabietas, y vivir sin pretensiones,
y vivir la vida y nada más.
Yo, en pleno uso de mis facultades mentales,
ejerzo mi derecho a elegir y a votar,
y que gane las elecciones quien las debe ganar
y que el triunfo sea legitimo y duradero…

y mi mente de ocho años, que no sabe qué es votar,
se preocupa por mirar la televisión
y que las caricaturas no se terminen;

y mi mente de once años, que se deslinda de la política,
se preocupa por los juegos de futbol
y que en los videojuegos nadie le gane;

y mi mente de dieciséis años, sabe que un día votará,
se preocupa porque el olor a sandía y a coco
más que olores de fruta son aromas eróticos;

y mi mente de veinticuatro años, que vota desde hace seis,
se preocupa porque los monopolios
y las oligarquías no controlen más las masas;

y mi mente de cuarenta años, elector por convicción,
se preocupa porque la elección sea justa
y gane quién le ofrezca más trabajo y dinero;

y mi mente de sesenta y cinco años, dinosaurio apolítico,
se preocupa porque en la tele y en la radio
no hay más espacio que propaganda partidista.

Yo, en pleno uso de mis facultades mentales,
autorizo a todas mis mentes a ser uno mismo
y que ese mismo sea loco y soñador,
y que se convierta en hippie y en comunista
y que odie todas las formas de organización
y que grite abajo el sistema y sea rebelde,
aunque luego despierte y no sea nada verdad…

y mi mente de ocho años, tierna y sin malicia,
exista por siempre porque es inocencia
y no se borre al amanecer;

y mi mente de once años, que es energía,
me alcance para ser lo que quiero ser
y no se borre al amanecer;

y mi mente de dieciséis años, que es hormonas,
me duren lo que el calor al Sol
y no se borre al amanecer;

y mi mente de veinticuatro años, insufrible e inconformista,
dejé su huella radical y extremista
y no se borre al amanecer

y mi mente de cuarenta años, calculadora y previsora,
sea paciente con todas mis mentes
y no se borre al amanecer;

y mi mente de sesenta y cinco años, vieja y cansada,
aguante la vida y el paso del tiempo
y no se borre al amanecer…

Yo, en pleno uso de mis facultades mentales,
me declaro oficialmente: no cuerdo.

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