¡A veces eran
cúmulos
los que recorrían
llenos de hormigas mi piel,
con telarañas
recogidas de una tumba
que no era lejana
ni profunda
confundiéndolas con
miel!
Y a veces rimaba mi
poesía
porque simplemente
era algo innato,
pero otras tantas
resultaba confusa,
sin ritmo y sin
métrica,
una tontería más.
¡Pero otras tantas
me llenaba de palabras
y escupía fuego por
mi boca
cual dragón
lanzando llamaradas,
secuestrando
hermosas princesas
y acudiendo al
timbre de tu voz cada llamada!
Otras juraba
perderme en el abismo
y no volver hasta
derretirme y ser arena,
no contarle cuentos
de amor a las piedras,
sobrevivir sin
mirar al Sol ni a la Luna,
perderme y nada
más.
¡Sin embargo, todo
estallaba tan de prisa
que la Luna
dibujaba su sonrisa
de caramelo carmesí
y yo prendado de tu
pupila rojiza
simplemente me
perdí!
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