Afortunadamente no estoy allá,
Mi sitio es este,
El que ahora piso,
El que se sostiene –me
sostiene–
Debajo de mis pies.
Bendigo las gotas de tiempo,
De las circunstancias
Del cumulo de arrecifes
Que forman mi coral,
Porque aquí la arena es mar
Y la playa bella sirena.
Estoy aquí,
La fortuna sonríe mezquina
para mí,
Noches de sueño y pesadillas,
De incendios en las
madrigueras
Y en las casas hojalata,
En los pórticos de madera,
En las naves de luz.
Suspiro para ver mejor,
Sostener el aire de una
bocanada
Y leer una esperanza
En el llanto de un niño de la
calle,
En la carcajada ficticia
Que le sabe a hiel a la
prostituta
Y en el licor amargo del
perdón
Que ofrece un sacerdote.
Afortunadamente
–Más con la mente que con
fortuna–
Estoy aquí y no allá,
Por no desdeñarme tanto
Y precipitarme en las
cataratas
De la pulcra mediocridad
Que espera todo de mí
Y no me ofrece nada a cambio,
O zambullirme en las caderas
del viento
Y coger moléculas de oxigeno
Para hacer someras bacanales.
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