Todo es luz a través de su pupila transparente,
y la maldad se vuelve caricia
cuando me purifica su tierna carcajada…
En su nombre lleva todo el sentimiento,
la ilusión y la inocencia de la edad,
el encanto que le dan los años
y el sortilegio de mitigar el dolor con una sonrisa.
-Es que en su nombre no hace falta nada
pero a ella le hace falta todo-
Tiene la mirada dulce, ingenua del dolor,
risas de notas dulcemente desafinadas
y enmarcadas con sus dientes de leche
la cita favorita que podría yo buscar:
la de su sonrisa al saludar.
Pero no refleja sufrimiento
-aunque no sé si lo sienta-
qué puede reflejar con su tierna edad…
el halo de esperanza redentor
que mantiene en pie mi voluntad,
la confabularía de mi cuerpo
para seguir despertando día con día,
la candidez que supera con creces
los desvaríos del mundo derruido de los hombres,
el velo de los sueños que no hemos cometido
por olvidarnos de ser niños.
Corazón, se llama a sí misma,
y puede faltarle todo y no tener nada,
pero nada le borra la risa,
ni la carcajada,
porque a ella le sobra por cómo la llaman.
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