Aunque a estás
alturas
de poesía y de amor
todo se resuma en
cuentos de hadas…
Soñar que la Luna
es de queso
cuando se es niño,
saber que es de
miel
cuando se es joven,
y verla como un
espejo de plata
en que una princesa
se contempla
al peinar sus
cabellos,
eso debe ser un
cuento de hadas.
–A la fantasía le
debo el favor
de mantener mi alma
enamorada–
Luego pensar que un
príncipe azul
cabalgue a través
de desiertos
de valles y de
montañas,
que se enfrente a
temibles dragones
que evada inefables
peligros,
para con un beso
romper el más
maligno de los sortilegios…
eso debe ser un
cuento de hadas.
Pero si en la
realidad un “y vivieron felices por siempre”
es roto en el
juzgado
y las hechiceras
malvadas son trepadoras prostitutas
y las princesas
aguardan un príncipe que sólo se emborracha
y los príncipes
quieren una princesa como ama de casa…
prefiero vivir en
un cuento de hadas
y hacer de la
fantasía mi realidad diaria.
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